El Reflexista

Reflexiones de un futuro periodista

El niño que quiso ser bueno

Hola.

Un 22 de Septiembre de 1979 nació un niño. Nació en el sur de Italia, concretamente en Nápoles. El niño tuvo una infancia como la de cualquier otro de su pueblo, pero él empezó a darse cuenta de que el resto de niños del mundo no tenían esa infancia. Aunque él no, vio como muchos de los otros niños con los que él jugaba, empezaban a relacionarse más con los que él llamaba ”hombres malos”. Su padre siempre le decía que debía respetar a aquellos hombres, ya que decía que los protegían, pero él nunca lo acababa de ver así.

Muchas noches, el niño se despertaba al oír ruidos en la calle. Ruidos de pistolas disparándose. Cada noche que oía esos ruidos, preguntaba en casa, o a sus amigos, o a sus profesores… pero nadie le decía nada. Conforme crecía, veía que cada vez más amigos suyos de la infancia dejaban de ir al colegio. Cuando preguntaba porqué dejaban de ir a clase, le decían que era porque tenían que hacer otras cosas; pero otras veces, le decían que habían ido al cielo. También solía cambiar mucho de profesores, pero sobre eso nunca preguntó: ya sabía que o estaban haciendo cosas mejores, o se habían ido a ese cielo del que todo el mundo hablaba cada día. Su padre, y algunos familiares, le seguían insistiendo en que esos hombres no eran malos, sino que sólo se portaban mal con el que se portaba mal con el resto de la comunidad. Pero él seguía sin convencerse de ello.

Pasando de niño a adolescente, él seguía escuchando muchas noches los disparos; pero los disparos ya empezaron a escucharse de día, y en varias ocasiones vio cosas que ningún niño, o ningún adolescente debe ver. Sentía terror de lo que veía cada día. Pero no sólo eran pistolas; todo valía, y daba igual quien fuese: mayor o menor de edad, hijo o padre, madre o hija, tío o sobrino: todos podían ser tratados por igual. Aún así, su familia le seguía diciendo que no eran malos; pero él ya no se podía creer nada.

Un día, vio como asesinaban al sacerdote de su barrio. El niño se puso muy triste, porque admiraba mucho a ese hombre, y esperaba que todos sintiesen tanto su muerte como él, pues era muy querido; pero todo el mundo actuó como si no pasase nada, y el sacerdote era historia para todos al día siguiente… pero para él no. Se hizo adulto de repente desde aquel día.

Ya adulto, decidió contar al resto del mundo lo que le pasó a aquel sacerdote, además de relatar lo que él había estado viviendo a lo largo de su vida. El chico escribió un libro, y aquel libro fue un éxito en todo el mundo. Pero a los hombres malos no les gustó nada el libro, porque en ese libro, el chico contaba todo lo que les había visto hacer, y todos los negocios en los que aquellos hombres estaban metidos.

Desde que ese libro se convirtió en un éxito, él está amenazado de muerte. Ha tenido que huir de Italia, y no tiene residencia fija, porque los hombres malos le están persiguiendo allí dónde va. El libro lo escribió en una sola casa, la suya; ahora, ha vivido en más de 30.

Su padre le dijo un día que no entendía porque denunciaba a los hombres malos en aquel libro. Y todavía hoy, aún con él amenazado de muerte, su padre le dice que esos hombres no son malos, sino que les protegen.

Entonces el niño entendió todo: los hombres malos estaban protegiendo a su padre de su propio hijo, porque él se había atrevido a hablar de ellos en aquel libro, y porque había deshonrado a su padre. Por eso debía morir.

Aquel niño se llama Roberto Saviano, y el libro que le ha llevado a ser el objetivo de la mafia, Gomorra. Ya ha anunciado que no ha dicho su última palabra sobre los hombres malos.

Hay peores cárceles que las palabras, decía Carlos Ruiz Zafón en La sombra del viento. Estoy seguro de que aquel niño, hoy hombre, no está nada de acuerdo con esa frase: sus palabras han arruinado su vida, y han hecho que su familia le de la espalda. Todo por querer que la gente mala sea desenmascarada.

Abrazos.

Jesús.

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5 septiembre 2009 Posted by | Camorra, Gomorra, Mafia, Nápoles, Niño, Saviano | Deja un comentario